Tal vez se deba a que los pueblos antes mencionados son áridos y feos, sin ningún atractivo turístico; Real de Catorce, en cambio, tiene cierto encanto: el hecho de ir subiendo la montaña por un camino empedrado completamente artesanal le da misterio; también está el hecho de que los señalamientos (o la falta de ellos) te mantienen atento en el camino a pesar de que el cielo es una maravilla: estrellas detrás y frente a otras estrellas, las constelaciones y su brillo como pocas veces en mi vida he tenido oportunidad de ver y, ya para llegar, el angosto, oscuro y largo túnel es más que una bienvenida, una advertencia de que el lugar al que vas no es lo que se diría un desarrollo turístico (aunque los suizos amenazan con convertirlo en uno).
Nosotros llegamos de madrugada y el pueblo estaba vacío, todo cerrado, y hasta los puestos que de día impiden el paso permanecían en total abandono, pero lo que no nos abandonó en toda la noche fue el tremendo frío. No funcionó nuestra fogata pero el Ipod cumplió con su cometido de aligerar la noche, igual las cervezas que causaron estragos en uno de los chicos... Què pero què mega peda la del Carlitos!!
Al otro día fuimos al desierto y el encuentro con la famosísima cactácea no se hizo esperar, la verdad es que me daba penita tener que mocharla, como que me sentía medio indigna, sin fundamento místico para ello, especialmente porque me encontraba puras nenas con florecitas y todo. Además la desorientación, el sol, los sonidos y los animales del "desierto" me pusieron a pensar muchas cosas de los inmigrantes que acabábamos de ver trepados en el tren de carga que iba hacia Estados Unidos.
Total que la segunda noche los chicos sugirieron rentar una villa para hacer más amena la estadía y valla que lo fue, el lugar divino, la fogata encendida, agua caliente, té y café libres, bueno... nada que ver con el plan original de acampar pero què buena velada.
Lo más Real de todo fue la compañía, nunca habíamos salido juntos y mucho menos dormido en el mismo lugar, ya ni hablar de ir tan lejos y pasar tanto tiempo en el auto, pero la verdad es que los disfruté bastante, a los tres; para mí el equilibrio fue perfecto entre música, charla, confesiones, chistes, imprudencias, aventura y control.
Como ven, lo menos importante fue el peyote, la convivencia superó cualquier tipo de alteración que éste haya podido, o no, causarme.
Espero esta racha viajera no pase pronto porque ya me está gustando,
Angie
Angie
Dame sal, tengo sed tour de sangre, sangre y fe muere para renacer...
Híkuri, carne-Dios viaja al túnel de su voz el desierto tiene piel.
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Híkuri, Real de Catorce
Híkuri, Real de Catorce
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1 comentario:
Pues la verdad el reglamento de tránsito no cambió mucho. Que bueno que lo leíste; ojalá todos hiciéramos lo mismo. A mi lo único que me molesta es que justamente, como es novedad el dichos reglamento, los polis andan bien perros revisando si traes el cinturón, si traes niños en el asiento delantero, etc. Ayer vi como una grúa se hizo de la vista gorda con un carro Mercedes que estaba estacionado en un paso peatonal y otros, también de buena marca, que estaban sobre la banqueta. Había lugares sobre la calle obstruidos con cubetas, botes, piedras y tampoco hizo algo. La ideología tercermundosta de nuestra nación frijolera.
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