He llevado a muchas hasta mi habitación y es común adorarlas en cuanto llegan, pero luego de unos días simplemente no las noto, me acostumbro a su belleza como un adorno más entre los muebles y poco a poco van perdiendo el fulgor que tenían al llegar, hasta que apenas el recuerdo queda, entonces me dan tanta lástima que prefiero echarlas para que su mal estado no me haga pensar en cuánto de su belleza han perdido a mi lado.
Pero con ella no es así, basta con cruzar el marco de la puerta para que me inunde su presencia, su aroma me embelesa y simplemente no puedo resistirme a llenarla de halagos, cariños y palabras dulces. Por las mañanas está siempre húmeda, abierta, olorosa y me ofrece su candor, cómo podría ignorar esa gota de savia que emerge de su centro? Cómo resistirme a cada uno de sus lunares expuestos, a su piel tersa, a su incesante coquetería y humedad?
Imposible, así que la disfruto y a lo que sí me resisto es a la idea de llevarla conmigo para que inunde también con su belleza y fragancia cada uno de mis pasos.
AngieSam
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